02/04, 4to aniversario de la muerte de Rodrigo “Chopper” Restovic.

Todo Biker que por primera vez ha pedaleado por la cuesta Lo Prado, seguramente se detuvo a mirar para saber que había ahí, pero luego de eso seguramente presentó sus respetos a Rodrigo Restovic, el “Chopper”. Y es que para todos quienes pasamos por ahí, sabemos que es un parada casi obligada, para descansar junto a Rodrigo, para escuchar el silencio que ofrece al paisaje, para pedirle que cuide nuestra ruta….o simplemente para estar unos minutos con él.

Redacción y fotografías: Alejandro Olguín C.

Para mi aún es una incógnita la historia de Rodrigo Restovic, y tal vez por lo mismo que este lugar de respeto y silencio es visitado por seguramente todos los ciclistas que pasan por esta cuesta. Y es que este lugar tiene algo especial, ya que con el pasar de los años, se ha vuelto un lugar de reflexión, donde cada uno ha dejado un recuerdo para Rodrigo, números de competición, repuestos de bicicleta, botellas de bebida o jugo que muestran el cansancio de la ruta, cámaras, parches, uno que otro juguete, cartas, palabras de aliento y agradecimiento, cosas simples que hacen de este lugar un santuario para los ciclistas en honor del “Chopper”.

Es increíble el respeto que cada ciclista demuestra en este lugar, ya que siempre encontraras los regalos para Rodrigo en el mismo lugar, nadie saca nada, al contrario, quien pasa por ahí deja algún recuerdo. No hay basura tirada en el suelo, restos de comida ni nada que opaque lo que este lugar significa para nosotros. Personalmente, he visto ciclistas pasar largo rato frente a esta bicicleta, mirando, tal vez rezando, tal vez agradeciendo, y en alguna ocasión, entregando una lágrima al viento por alguien que no tuvo la oportunidad de conocer, pero es que eso no importa cuando te detienes aquí y disfrutas del silencio y la tranquilidad que Rodrigo te entrega, es como si tus energías volvieran, es como si Rodrigo se sentara a tu lado y te dijera “¡Sigue pedaleando!”.

 

Sin lugar a dudas, Rodrigo fue un hijo, un padre, un amigo que amó y disfrutó el ciclismo hasta el día de su partida, y es que es justamente esa la sensación que te entrega este lugar, de amor y pasión por este hermoso deporte, que sin importar el nivel de quien lo practique o la edad de quien está sobre la bicicleta, se tomará unos minutos de su tiempo para estar con Rodrigo, para conversar con él en silencio, incluso para arreglar junto a él algún desperfecto de la bicicleta, y por qué no?, si a Rodrigo seguramente le habría encantado ayudar a reparar tu bici, ya que no por nada hay quienes dejan acá cámaras en buen estado, parches e incluso pegamento para estos, y es que sabemos que en la próxima visita, dejarás de vuelta lo que tanto te sirvió, lo que otro ciclista anónimo dejó ahí para ayudarte de forma desinteresada, y que al mismo tiempo, con ese simple gesto logró que repitas esta acción y que Rodrigo vea, desde donde sea que él esté, que los ciclistas nos ayudamos y respetamos.

Si aún no conoces este rincón de Rodrigo, y te animas a pedalear hasta ahí, es tan simple como que pedalees por la ruta 68 en dirección hacia la costa, y en alguno de los paso nivel antes de llegar al túnel Lo Prado, te cambies de pista pero por la caletera sigas en dirección hacia el túnel. Al poco andar pasarás por el costado del peaje del túnel Lo Prado, y verás que comienza la cuesta. No te quepa la menor duda que el ver en el cemento estampadas las palabras de aliento cargarás los pedales con mas ganas, hasta llegar a este santuario visitado por muchos, respetado por todos.

Desde este rincón, donde sea que estés Rodrigo, descansa en paz.